EL ZAPATERO
Siempre que llega el Adviento no puedo dejar de olvidar ese
cuento que me contaron cuando era pequeño. El zapatero siempre llega a mi
recuerdo.
El zapatero que en la noche a la luz de una pequeña vela chorreante
de cera, sin más, sin nada más. Ese zapatero y en su vieja zapatería. Humildad,
sencillez. Nada más. El zapatero eleva ese grito fuerte: Señor, mi Dios,
¡quiero encontrarte! ¿Dónde estás? Y del silencio, Dios responde: Hoy te
visitaré. El zapatero enloquece de pasión. Nervios. Preparativos. La humildad
del silencio de la noche se convierte en impaciencia por buscar el espectáculo
de la venida de su Dios. Y el día comienza. Más, y más nervios. Y las tareas
diarias comienzan.
Un señor y una señora llaman a su puerta. El zapatero
angustiado les atiende pero su mente y su corazón se encuentran eclipsados por
la venida de su Dios. Les echa de forma brusca, él tiene que preparar un
acontecimiento inaudito, inesperado, quiere prever todo, hasta el más
insignificante de los detalles. La puerta llama. El zapatero quiere creer que
es Él, el Dios que le ha anunciado su visita. Y se presenta un viejo conocido.
No tiene tiempo. Preséntate otro día, por favor. Otro día. Oportunidad
menospreciada. Oportunidad no reconocida. Y cierra la puerta. Esa puerta que
espera estar abierta, se cierra. Más todavía, el timbre vuelve a sonar. Será
Él, Él, ahora sí. Y el mendigo de todos los días le saluda. No, hoy no. Vuelve
otro día, quizás mañana, ahora espero a Alguien inesperado.
Y el día pasa, las
horas y los minutos. Y vuelve la noche. El silencio de la noche más profunda a
la luz de esa vela chorreante de cera. El zapatero decepcionado realiza la
pregunta estremecedora: Señor, te he estado esperando, he querido prepararte tu
visita inesperada, ¿por qué no has venido?, ¿por qué no estás? Y en la fina
escucha del silencio de la noche, resuena en su interior la respuesta esperada:
te he venido a visitar a lo largo del día, en las personas que han llamado a tu
puerta.
La visita inesperada de Dios es la visita esperada en lo que sucede en
lo cotidiano.
Edu López sj.
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